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Autoconsumo colectivo en una comunidad de vecinos en Cataluña: cómo se monta y qué papeleo lleva

Placas en la cubierta compartidas entre varios pisos: mayorías en la junta, coeficientes de reparto, canalización hasta los contadores y trámites en Cataluña.

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Cada vez más comunidades del Vallès se plantean lo mismo: la cubierta está vacía, hay quince o veinte pisos debajo y alguien ha oído que se pueden repartir las placas entre todos. La idea es buena y la normativa la permite desde hace años, pero entre la idea y la instalación funcionando hay dos caminos paralelos que van a la vez: el de la comunidad, con su junta y sus acuerdos, y el eléctrico, que decide si el edificio admite lo que se quiere montar o hay que replantearlo. Cuando uno de los dos se adelanta al otro, aparecen los sustos típicos: obras aprobadas que luego no encajan por dónde pasar los cables, o vecinos que se apuntan y descubren tarde que su contrato no encaja en el reparto.

Esta guía explica cómo se plantea un autoconsumo colectivo en un edificio de viviendas en Cataluña, qué decide la comunidad, qué decide el instalador y en qué orden conviene hacer las cosas.

Qué es exactamente el autoconsumo colectivo

En un autoconsumo individual, una instalación genera para un único suministro. En el colectivo, una sola instalación de generación alimenta a varios suministros distintos, cada uno con su contador y su contrato. Las placas están en la cubierta, que es elemento común, y lo que produce se reparte entre los participantes según unos porcentajes acordados de antemano.

Ese reparto es la clave de todo el sistema. No hay un cable que vaya de la placa al piso de cada vecino: lo que hay es una instalación conectada a la red del edificio y un acuerdo de reparto que la distribuidora aplica en las lecturas. Cada participante recibe en su factura la parte de generación que le corresponde según su coeficiente, y el resto de su consumo lo sigue tomando de la red con normalidad.

En un edificio de viviendas se dan casi siempre tres tipos de participante:

  • Los pisos que voluntariamente se apuntan al reparto.
  • Los servicios comunes de la comunidad: ascensor, alumbrado de escalera, bomba de presión, garaje. Suelen ser el participante más rentable de todos, porque consumen de día y de forma constante.
  • Los locales comerciales del bajo, si los hay y quieren entrar.

Nada obliga a que participen todos los vecinos. Es habitual que en una primera fase entren los servicios comunes y una parte de los propietarios, dejando prevista la ampliación para los que se sumen más adelante.

Lo que decide la junta antes de tocar un cable

Aquí es donde más tiempo se pierde, así que conviene despejarlo pronto. La instalación se coloca sobre cubierta, que es zona común, y por tanto hace falta acuerdo de la comunidad. La Ley de Propiedad Horizontal facilita este tipo de actuaciones de aprovechamiento de energías renovables con un régimen de mayoría más accesible que el de una obra ordinaria, precisamente para que un edificio no quede bloqueado por unos pocos votos. Lo que sí conviene dejar por escrito en el acta, con detalle y sin prisas:

  • Quién participa en el reparto y quién no, con nombre y CUPS de cada suministro.
  • Los coeficientes de reparto aplicados a cada participante.
  • Cómo se financia la instalación y qué pasa con quien no participa.
  • Qué ocurre cuando un piso se vende o se alquila, y cómo se transmite la condición de participante.
  • Quién asume el mantenimiento y las revisiones posteriores.
  • El procedimiento para incorporar nuevos participantes más adelante, para no tener que repetir toda la negociación.

Merece la pena redactar bien ese acuerdo aunque alargue una reunión. Una comunidad con el reparto mal documentado acaba discutiendo cada año en la junta ordinaria, y esa discusión se traslada tarde o temprano a quien lleva el mantenimiento de la instalación.

Los coeficientes de reparto: la decisión que más se improvisa

El coeficiente es el porcentaje de la producción que se asigna a cada participante. La suma de todos tiene que dar el total, y se comunican a la distribuidora mediante un acuerdo firmado por todos los implicados.

El error clásico es repartir por coeficiente de participación del edificio, es decir, por metros cuadrados de cada piso, porque es el criterio que la comunidad ya tiene interiorizado para todo lo demás. Eléctricamente tiene poco sentido: un piso grande de una pareja que trabaja fuera todo el día aprovechará mucho menos que un piso pequeño donde hay alguien en casa a mediodía. El reparto eficiente se hace mirando el perfil horario de consumo de cada participante, no su superficie.

Por eso el orden razonable es: primero se revisan las curvas de consumo reales de los suministros que quieren entrar —los datos horarios están disponibles a través de la distribuidora—, y con eso encima de la mesa se propone un reparto. Los servicios comunes suelen llevarse una parte importante precisamente porque su consumo casa perfectamente con la curva de generación solar.

Los coeficientes pueden modificarse después, pero cada cambio implica un nuevo acuerdo firmado y su comunicación correspondiente. No es dramático, pero tampoco es algo que quieras estar haciendo cada semestre.

La parte física: por dónde pasan los cables

Aquí es donde la comunidad descubre que su edificio tiene sus propias reglas. La instalación de generación va en cubierta, con sus inversores, protecciones y su cuadro de continua y alterna. Y desde ahí hay que llegar hasta el punto de conexión, que en un autoconsumo colectivo suele ser la línea general del edificio o la centralización de contadores.

Los puntos que hay que resolver sobre el terreno:

  • La canalización vertical. En un edificio antiguo, el patinillo de instalaciones puede estar saturado o directamente no existir. A veces hay que montar un tramo por fachada interior o aprovechar el hueco del ascensor si es viable, y eso hay que verlo antes de aprobar nada.
  • El estado de la centralización de contadores. Si el edificio tiene los contadores repartidos por rellanos, o una centralización antigua sin espacio, entrar con autoconsumo colectivo suele ser la excusa perfecta para revisar todo el conjunto. Conviene leer antes cuándo obliga la distribuidora a centralizar contadores en Cataluña, porque ese trabajo puede acabar formando parte del proyecto.
  • El cuadro de servicios comunes. Casi siempre hay que intervenirlo: protecciones nuevas, reserva de espacio y, si el edificio tiene garaje, coordinación con lo que ya haya montado allí.
  • La protección contra sobretensiones. Una instalación en cubierta es un elemento expuesto conectado a la red interior del edificio. Es de los casos en los que instalar un protector de sobretensiones deja de ser recomendable y pasa a ser sentido común.
  • La estructura de la cubierta. No es tema eléctrico, pero condiciona todo: hay cubiertas que exigen refuerzo, y comunidades que descubren tarde que tenían una impermeabilización a punto de renovarse justo debajo de donde iban las placas.

Cómo convive con los puntos de recarga del garaje

Muchas comunidades llegan al autoconsumo después de haber montado ya algún punto de recarga, o justo cuando se plantean ambas cosas a la vez. Merece la pena tratarlo como un único problema, porque comparten dos recursos escasos: la potencia disponible del edificio y el espacio en el cuadro de servicios comunes.

Si la comunidad ya tiene o va a tener recarga de vehículos, la conversación con el instalador tiene que incluir cómo se dimensiona la troncal del garaje, si se prevé gestión dinámica de carga y qué parte de la generación se puede aprovechar durante el día para los coches que estén aparcados. Si aún no habéis empezado con eso, en los pasos reales para instalar un punto de carga en una comunidad de vecinos está el recorrido completo. Y si el edificio ya arrastra un mantenimiento eléctrico irregular en las zonas comunes, conviene ordenarlo antes: repasa qué mantenimiento eléctrico es obligatorio en comunidades de propietarios en Cataluña para saber de qué punto partís.

Los trámites, en el orden en que se hacen

La parte administrativa en Cataluña sigue el esquema general del autoconsumo, con la comunicación a la administración autonómica competente en materia de energía y el registro que corresponda según la modalidad. El recorrido habitual es este:

  1. Estudio previo y propuesta de reparto, con las curvas de consumo de los participantes ya revisadas.
  2. Acuerdo de la junta, con el detalle que hemos visto más arriba.
  3. Licencia o comunicación previa en el ayuntamiento, según lo que exija cada municipio para la actuación en cubierta.
  4. Solicitud de acceso y conexión a la distribuidora cuando el tipo de instalación lo requiera.
  5. Ejecución de la instalación por empresa instaladora habilitada, con su certificado y su documentación técnica.
  6. Registro y comunicación de la modalidad de autoconsumo, incluyendo el acuerdo de coeficientes firmado por todos los participantes.
  7. Comunicación a las comercializadoras de cada participante, para que el reparto se refleje en las facturas.

El paso siete es el que más veces se olvida y el que más llamadas genera. Un vecino ve que su factura no ha cambiado, da por hecho que la instalación no funciona y monta un problema en la comunidad, cuando lo que falta es un trámite administrativo entre su comercializadora y la distribuidora. Antes de alarmarse conviene tener claro quién es quién entre comercializadora y distribuidora, porque cada una resuelve cosas distintas.

Si además quieres entender qué exige la norma estatal detrás de todo esto, está desarrollado en el artículo sobre el RD 244/2019 de autoconsumo.

Los errores que más vemos en comunidades

  • Aprobar la instalación en junta sin que nadie haya subido a mirar la cubierta ni el patinillo por donde tiene que bajar la línea.
  • Repartir coeficientes por metros cuadrados en lugar de por perfil de consumo.
  • Dejar fuera los servicios comunes, que suelen ser el participante que mejor aprovecha la generación.
  • No prever espacio en el cuadro para futuras ampliaciones ni para la recarga de vehículos.
  • Firmar el acuerdo de reparto sin definir qué pasa cuando un piso cambia de propietario.
  • Montar la instalación sin revisar el estado de la centralización de contadores, y descubrir a medias que hay que rehacerla.
  • Olvidar la comunicación a las comercializadoras y pasarse tres meses discutiendo si las placas funcionan.

FAQ

¿Tienen que participar todos los vecinos del edificio?

No. El autoconsumo colectivo es voluntario para cada suministro: pueden entrar unos propietarios y otros no, y la instalación funciona igualmente con los participantes que haya. Lo importante es que el acuerdo de reparto refleje exactamente quién está dentro y con qué coeficiente, y que se prevea desde el principio cómo se incorporarán los que quieran sumarse más adelante. Sin esa previsión, cada nueva incorporación obliga a renegociar el reparto entero con todos los firmantes.

¿Qué pasa si vendo el piso o lo alquilo?

La condición de participante va ligada al suministro, no a la persona, pero el cambio de titular del contrato obliga a actualizar la documentación del reparto. Por eso conviene dejar el procedimiento escrito en el acuerdo de la comunidad: quién avisa, en qué plazo y qué documentación se firma. En alquileres, además, hay que definir si el participante es el propietario o el inquilino, porque el contrato de suministro puede estar a nombre de cualquiera de los dos.

¿Puede la comunidad quedarse con toda la generación para los servicios comunes?

Sí, y de hecho es una opción bastante razonable para empezar. Ascensor, alumbrado de zonas comunes, bomba de presión y ventilación del garaje consumen de día y de forma bastante estable, que es justo cuando produce la instalación. Además simplifica muchísimo la parte administrativa, porque hay un único participante y ningún reparto que negociar entre vecinos. Después se puede ampliar a los pisos si la comunidad lo decide, siempre que la instalación se haya dimensionado y canalizado pensando en ello.

¿Hay que subir la potencia contratada del edificio?

No necesariamente. El autoconsumo aporta energía, no potencia contratada, así que un edificio puede beneficiarse sin tocar su contrato. Cosa distinta es si a la vez se van a montar puntos de recarga en el garaje o el cuadro de servicios comunes ya iba justo antes de empezar: ahí sí hay que rehacer la previsión de cargas y valorar si el suministro común da de sí. Es la revisión que conviene hacer al principio del proyecto, no cuando la instalación ya está montada en la cubierta.

Si en tu comunidad estáis dándole vueltas al autoconsumo colectivo, lo más útil antes de llevarlo a junta es una revisión honesta del edificio: por dónde puede bajar la línea, en qué estado está la centralización y el cuadro de servicios comunes, y qué reparto tiene sentido según cómo consume cada participante. Con eso, la reunión de vecinos se convierte en una decisión y no en un debate. Podemos revisarlo contigo: échale un vistazo a cuadro eléctrico o a punto de carga.


Publicado por

Equipo electrico24