ITC-BT-18: cómo se diseña, mide y mantiene la puesta a tierra de una instalación
Qué exige la ITC-BT-18 para la puesta a tierra: electrodos, valores máximos de resistencia, cómo se mide con telurómetro y errores que invalidan la protección.
La puesta a tierra es una de esas piezas de la instalación eléctrica que nadie ve y de las que nadie habla, hasta que alguien recibe un calambre o un boletín se atasca porque la medición de resistencia da fuera de rango. La norma que pone los números y exige qué tiene que cumplir esa instalación enterrada se llama ITC-BT-18 y forma parte del REBT de 2002.
En este post explicamos qué dice exactamente la ITC-BT-18, qué componentes tiene una puesta a tierra completa, qué valores de resistencia exige según el tipo de instalación, cómo se mide en obra y qué errores son los que más se repiten y dejan inválida toda la cadena de protección.
Qué regula la ITC-BT-18 y por qué te afecta
La instrucción técnica complementaria 18 se titula “Instalaciones de puesta a tierra” y aplica a toda instalación eléctrica de baja tensión: vivienda, edificio plurifamiliar, local comercial, taller, garaje colectivo, alumbrado público, depuradora de piscina y polígono industrial. No es una recomendación; es la norma que el instalador tiene que cumplir para que un boletín sea válido y la instalación se pueda registrar como boletín eléctrico oficial.
El objetivo de la norma es doble. Por un lado, garantizar que cualquier corriente de defecto (un cable que se ha pelado contra una carcasa metálica, una derivación a masa por humedad, una sobretensión transitoria) tenga un camino directo y de muy baja resistencia hacia el terreno, en vez de pasar a través del cuerpo de una persona. Por otro, asegurar que ese camino sea estable a lo largo del tiempo y resista las condiciones reales del suelo: sequía, sales, corrosión, movimientos.
Es la pareja inseparable de los diferenciales. La ITC-BT-24 que regula la protección contra contactos directos e indirectos impone que la combinación “diferencial + toma de tierra” sea capaz de cortar antes de que una tensión peligrosa permanezca el tiempo suficiente para provocar daño. Sin tierra correcta, el diferencial no tiene contra qué disparar.
La cadena que exige la norma: cuatro elementos en serie
La ITC-BT-18 estructura la instalación de puesta a tierra en cuatro tramos consecutivos. No basta con clavar una pica: hay que conectarla, registrarla y distribuir la tierra hasta cada masa de la instalación.
Tomas de tierra propiamente dichas. Son los electrodos enterrados en el terreno: picas verticales, placas, conductores enterrados horizontales o el armado de los cimientos de un edificio. Es la parte que entra en contacto con el suelo.
Conductores de tierra. Cables no aislados o aislados de cobre (o de acero galvanizado) que llevan la conexión desde el electrodo hasta el borne principal de tierra. Tienen una sección mínima que la norma fija y que depende del recorrido y de si están protegidos contra corrosión mecánica.
Borne principal de tierra. Es la regleta o pieza dentro de la centralización (o del cuadro general en viviendas unifamiliares) donde se unen el conductor que viene del electrodo, el conductor que sale hacia el resto de la instalación y, en su caso, las conexiones equipotenciales. Tiene que ser accesible para poder desconectar el conductor de tierra y medir resistencia.
Conductores de protección. Son los cables amarillo-verde que llevan la tierra desde el borne principal hasta cada cuadro secundario, cada caja de derivación y finalmente a cada toma de corriente, cada luminaria con carcasa metálica y cada masa fija (caldera, climatizador, motor de piscina). Los colores no son decoración: están normalizados precisamente para que nadie los confunda durante una reforma. Si tienes dudas sobre el código, lo desarrollamos en el post sobre los colores de los cables eléctricos: fase, neutro y tierra.
Cualquier rotura en esta cadena rompe la protección. Una pica perfecta sin conductor de tierra sirve de poco, y un buen borne sin conductor de protección hasta la lavadora del baño no protege a nadie.
Tipos de electrodos y cuándo se usa cada uno
La ITC-BT-18 admite varios tipos de electrodo, y la elección depende del tipo de obra, del terreno y del espacio disponible.
Picas verticales. Son barras de acero recubierto de cobre (la opción típica en obra nueva) o de acero galvanizado en caliente, de 2 metros de longitud habitual y diámetro mínimo 14 mm para las de acero-cobre. Se clavan en el terreno con martillo eléctrico hasta que la cabeza queda accesible en una arqueta. Si una sola pica no consigue la resistencia exigida, se ponen varias en paralelo separadas al menos lo que mide la pica (idealmente más, para que las zonas de influencia no se solapen).
Conductor enterrado en anillo. Es un cable de cobre desnudo (35 mm² mínimo si va sin protección mecánica) que rodea el perímetro del edificio enterrado a 50-80 cm de profundidad. Es la solución estándar en obra nueva: aprovecha la zanja del saneamiento o de los cimientos, da una resistencia muy estable y se conecta a las picas que lleve el proyecto en cada vértice.
Placas enterradas. Son chapas de cobre o acero galvanizado de medio metro cuadrado aproximado. Se usan poco en obra nueva porque exigen mover más tierra que las picas para un resultado similar, pero aparecen en instalaciones antiguas y conviene conocerlas para reformas.
Armadura de cimientos (puesta a tierra de pie de pilar). En edificios de hormigón armado, los redondos del armado de la cimentación se conectan entre sí y al sistema de tierras. Es uno de los métodos más eficientes que admite la norma porque el hormigón en contacto con el terreno tiene baja resistividad y mucha superficie de intercambio. Hay que dejarlo previsto en proyecto, antes del hormigonado.
La elección del tipo depende del proyecto técnico o memoria técnica que define la ITC-BT-04. En viviendas unifamiliares con jardín suele bastar con una o dos picas. En un edificio plurifamiliar lo normal es anillo perimetral en cimientos más picas en arquetas accesibles. En polígonos y locales industriales la solución suele ser una malla más completa.
Valores de resistencia que exige la norma
Aquí está la pregunta que más recibe un instalador: “¿cuántos ohmios tiene que dar?”. La norma no fija un único número; lo deriva del esquema de conexión a tierra y de la sensibilidad del diferencial que va a disparar.
En el esquema TT, que es el universal en España para viviendas y la mayoría de locales, la condición se calcula con la fórmula R ≤ U / Ia, donde:
- U es la tensión de contacto máxima admisible: 50 V para locales secos y 24 V para locales mojados o de mayor riesgo (baños, piscinas, exteriores, locales agrícolas).
- Ia es la corriente que hace disparar al dispositivo de protección, normalmente la sensibilidad nominal del diferencial.
De ahí salen los valores habituales que ves en boletines.
- Si el diferencial general es de 30 mA y U = 50 V, la resistencia máxima admisible es 50 / 0,03 = 1.666 Ω. Cualquier valor por debajo cumple.
- Si el diferencial es de 30 mA y la instalación se considera local mojado (U = 24 V), la resistencia máxima cae a 24 / 0,03 = 800 Ω.
- Si trabajas con diferenciales de 300 mA aguas arriba (lo típico en cuadros generales selectivos), la resistencia máxima exigida sería 50 / 0,3 = 166 Ω. Pero como casi siempre hay aguas abajo de 30 mA, el valor que manda es el del más sensible.
En la práctica, los proyectistas trabajan con un objetivo más exigente que el mínimo legal. La cifra que verás escrita en muchas memorias técnicas es resistencia ≤ 37 Ω, valor histórico que se ha mantenido como buena práctica porque deja margen de sobra. En obra nueva, lo normal es que una toma bien ejecutada esté entre 5 y 30 Ω. Si la primera medición da más, se añaden picas en paralelo o se mejora el contacto con el terreno hasta bajar.
Estos valores se cruzan con el tipo de diferencial que tiene la instalación. La elección del diferencial tipo AC, A, F o B condiciona qué fugas se detectan correctamente y, por tanto, qué corriente Ia entra en la fórmula. Por eso no se puede separar “diseño de tierra” de “diseño de diferenciales”: son una unidad.
Cómo se mide y por qué pasa el boletín o no
La medición de resistencia de tierra se hace con un telurómetro, un instrumento específico que inyecta corriente al terreno por dos electrodos auxiliares y mide la caída de tensión generada. Es la única medida que sirve: no se puede deducir desde un polímetro normal ni desde el cuadro.
El procedimiento estándar es el de los tres puntos. Se clavan dos picas auxiliares en línea con la toma de tierra a medir, separadas varias decenas de metros (lo típico es 20 y 40 metros). El telurómetro calcula la resistencia comparando la tensión entre los puntos intermedios con la corriente inyectada. Se hacen varias mediciones desplazando la pica intermedia para confirmar que el valor se mantiene estable.
Hay matices importantes que el instalador debe documentar.
- La medición se debe hacer con el terreno seco o en condiciones representativas del peor escenario que va a soportar la instalación. Medir tras una semana de lluvia da un valor falsamente bueno que se degrada en verano.
- Hay que medir al menos una vez al año en instalaciones de uso público y cada 5 años en viviendas. La norma de mantenimiento que aplica a comunidades de propietarios desarrolla cuándo es exigible y de cuánto tiempo es el ciclo en el post de mantenimiento eléctrico en comunidades.
- La medición se registra en el boletín o en el certificado de inspección con fecha, valor obtenido, temperatura y humedad del día.
Para una instalación con inspección periódica OCA, la medición es uno de los puntos que el organismo de control verifica antes de extender el certificado. Si sale fuera de rango, no se extiende y la instalación entra en plazo para subsanar.
Mejorar una toma que da resistencia alta
Cuando la medición no llega al valor que pide el proyecto, hay varias formas de corregirlo sin tirar todo lo enterrado.
Añadir picas en paralelo. Cada pica nueva reduce la resistencia, aunque la mejora no es lineal: cuanto más juntas estén, menos aporta cada una. La separación efectiva mínima es la longitud de la pica (típicamente 2 m), y lo recomendable son 3-4 m entre ellas.
Profundizar la pica existente. Sustituir una pica de 2 m por una de 3 m o usar picas empalmables suele dar mejoras notables si el subsuelo a más profundidad tiene mejor resistividad (capa freática cercana, terreno arcilloso húmedo).
Tratar el terreno con productos conductores. Bentonita, sulfato de magnesio o resinas conductoras específicas se aplican en el pozo de la pica. Reducen la resistencia inicial y, sobre todo, la estabilizan frente a la sequía. Son una solución reconocida por la norma pero requieren mantenimiento porque algunos productos se lavan con el tiempo.
Añadir un anillo perimetral. Si solo había picas, enterrar un conductor de cobre desnudo en zanja de saneamiento conectado al borne principal reduce la resistencia con notable mejora y estabiliza el valor estacionalmente.
Lo que no sirve para mejorar una tierra defectuosa es subir la sensibilidad del diferencial sin tocar el electrodo: la norma marca límites por sensibilidad del diferencial, pero la integridad física del camino a tierra es un requisito independiente.
Errores frecuentes que invalidan la protección
Después de medir tomas de tierra en cientos de instalaciones, estos son los fallos que más nos encontramos.
- Pica conectada al cobre con bridas sin grasa antioxidante. La unión cobre-acero se oxida en pocos años, sube la resistencia de contacto y termina haciendo de aislante. Hay que usar grapas específicas con tornillo a presión y grasa conductora.
- Borne principal sin desconectable. Si no hay forma de separar el conductor que va al electrodo, no se puede medir. Algunas instalaciones antiguas tienen la pica conectada directamente sin regleta. Hay que añadir borne accesible.
- Conductor de tierra cortado por una reforma. Cambiar un termo, picar una pared o sustituir un radiador con derivación a tierra y no rehacer la conexión es lo más común. La toma sigue ahí, pero el aparato queda sin protección.
- Tierra del enchufe sin conectar. Pasa mucho cuando se sustituyen enchufes en cocinas y baños: se conectan fase y neutro y se olvida el cable amarillo-verde, que queda suelto detrás del mecanismo.
- Equipotencial de baño ausente. La ITC-BT-30 que regula los volúmenes de baños y cocinas exige una conexión equipotencial suplementaria que une todas las masas metálicas del baño (tuberías de agua, desagüe metálico, calentador, secatoallas eléctrico). En reformas modernas con tuberías de plástico se olvida, y aparece riesgo.
- Medición que se hace una sola vez en obra nueva y nunca más. La resistencia varía con la humedad del terreno. Una pica clavada en abril puede medir 18 Ω y en agosto dar 90 Ω por sequía. Hay que documentar mediciones en varias épocas.
Cualquiera de estos puntos rompe la cadena exigida por la ITC-BT-18 y, lo más serio, no se nota: la instalación funciona normalmente hasta el día del defecto que tendría que cortar.
Cuándo pedir una revisión específica
Hay varios momentos en los que conviene medir la tierra y revisar el cumplimiento de la ITC-BT-18 sin esperar a una inspección obligatoria.
- Compra de una vivienda con más de 25 años. Las tierras antiguas suelen ser pica única corroída o, en pisos urbanos, conexión a tuberías de bajante que ya no son metálicas. Hay que medir y, si no llega, mejorar.
- Después de una reforma de cocina o baño. Son los puntos más críticos por riesgo de contacto indirecto. Si el contratista de obra no era electricista certificado, conviene verificar.
- Tras un episodio de sobretensión o un rayo cercano. Las picas se dañan eléctricamente sin que se vea daño físico. Una medición posterior detecta degradación.
- Si se ha hecho movimiento de tierras cerca: piscina nueva, vado, zanja de gas o cambio de pavimento exterior. Cualquier obra en el terreno puede afectar la pica.
- Antes de sustituir el cuadro eléctrico o cambiar la electrificación. Si vas a poner diferenciales nuevos y selectivos, conviene saber qué resistencia tienes y si la cadena soporta esas nuevas sensibilidades.
Si quieres una medición real con telurómetro y un informe de cumplimiento ITC-BT-18, podemos hacerla con cita y dejarte certificado escrito. Si ya tienes claro que necesitas reforma del cuadro o mejora del electrodo, lo encajamos junto al servicio de cuadro eléctrico con presupuesto cerrado por escrito.
Preguntas frecuentes
¿Cada cuánto hay que medir la puesta a tierra de una vivienda?
La norma no exige una periodicidad estricta para vivienda particular, pero la buena práctica y la mayoría de boletines de inspección recomiendan cada 5 años o cuando se hace una reforma que afecte al cuadro. En locales comerciales, industria y zonas comunes de comunidad, la periodicidad pasa a anual y queda reflejada en el contrato de mantenimiento o en la inspección OCA cuando aplica.
¿Una toma a tierra conectada a la tubería del agua sirve?
No. La ITC-BT-18 prohíbe explícitamente usar tuberías de agua, gas o calefacción como electrodo de puesta a tierra. Pueden estar conectadas a tierra como parte del equipotencial, pero nunca como camino principal. En instalaciones antiguas con esa configuración, hay que añadir pica o anillo y reconducir todos los conductores de protección.
¿Qué pasa si la pica de tierra mide muy alta resistencia, por ejemplo 200 Ω?
Depende de los diferenciales que tengas instalados. Si todos los circuitos finales están protegidos con diferenciales de 30 mA, sigue cumpliendo el cálculo 50/0,03 = 1.666 Ω para locales secos. Pero el valor 200 Ω indica que la pica está envejecida o el terreno está muy seco, y la resistencia subirá más con el tiempo o con la primera ola de calor. Lo recomendable es mejorar añadiendo picas o tratando el terreno antes de que el deterioro deje sin protección.
¿La puesta a tierra se conecta también a los pararrayos del edificio?
Sí, pero a través de un sistema diferenciado. Los pararrayos exigen su propia red de bajada y una toma de tierra dedicada que se equipotencializa con la toma de tierra eléctrica del edificio para evitar diferencias de potencial peligrosas durante la descarga. La norma que regula esa conexión es la UNE-EN 62305, complementaria de la ITC-BT-18 pero específica del riesgo de rayo. En instalaciones con pararrayos, es uno de los puntos que la inspección OCA revisa con más detalle.
Publicado por
Equipo electrico24