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Qué le hace la corriente eléctrica al cuerpo: de dónde salen los 30 mA del diferencial

Por qué el límite está en miliamperios, qué ocurre en cada umbral y los dos casos en los que el diferencial de 30 mA no llega a protegerte.

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La frase se repite en casi todas las casas: “me dio un calambre cambiando la bombilla, pero no fue nada”. Y normalmente no fue nada, es verdad. El problema es que la diferencia entre ese calambre y un accidente grave no está en la suerte ni en la resistencia de cada uno: está en cuántos miliamperios atravesaron el cuerpo y durante cuánto tiempo.

Esos dos números explican el dato más repetido y menos entendido de cualquier cuadro eléctrico: los 30 mA del diferencial. No es una cifra redonda elegida al azar ni un parámetro comercial. Sale de lo que la corriente hace de verdad en el cuerpo humano. Y entenderlo aclara algo que no aparece en los folletos: en qué dos situaciones ese diferencial no va a protegerte por mucho que esté bien instalado.

No es la tensión lo que hace daño: es la corriente que te atraviesa

Hablamos siempre de los 230 voltios de la red, pero la tensión por sí sola no describe el riesgo. Lo que daña los tejidos y altera el corazón es la corriente que circula por el cuerpo, y eso depende de dos cosas: la tensión a la que estés expuesto y la resistencia que el cuerpo le opone.

El cuerpo humano no es un buen conductor, pero tampoco un aislante. Su impedancia varía según el camino que recorre la corriente, la superficie de contacto y, sobre todo, la humedad: en seco y con contacto mano a mano se habla de valores del orden de uno o dos miles de ohmios, y con las manos sudadas o los pies descalzos sobre suelo húmedo esa cifra se desploma.

Haz la cuenta con 230 V y una impedancia en ese rango: el resultado está en el entorno de 100 a 200 miliamperios. Esto es lo primero que descoloca a casi todo el mundo:

La red de tu casa puede hacer circular por un cuerpo una corriente entre tres y seis veces superior al umbral que se considera peligroso.

Por eso el límite de seguridad no se expresa en amperios, sino en milésimas de amperio. Y por eso hace falta un dispositivo específico: un magnetotérmico de 16 A no se entera de que pasan 150 mA por una persona, porque vigila una magnitud cien veces mayor.

Los umbrales: qué ocurre según los miliamperios que pasan

Los efectos de la corriente alterna de la red están estudiados y ordenados por intensidad. Conviene tomarlos como referencias estadísticas, no como fronteras exactas: varían con el recorrido, la duración y la persona. Pero el orden de magnitud es estable y sirve para entender el riesgo.

  • Alrededor de 0,5 mA: umbral de percepción. Es el hormigueo que se nota al tocar la carcasa de un electrodoméstico. No hace daño, pero avisa de que hay una fuga.
  • Entre unos pocos mA y unos 10 mA: contracción muscular involuntaria y dolor.
  • En torno a 10 mA: el umbral de no soltar, del que hablamos abajo porque es el más importante de todos.
  • Decenas de mA mantenidos: dificultad respiratoria y, al subir intensidad y duración, riesgo de fibrilación ventricular: el corazón deja de bombear de forma coordinada. Es la causa de muerte más frecuente en accidentes eléctricos de baja tensión, y no tiene nada que ver con quemarse.
  • Corrientes altas: además de lo anterior, quemaduras internas en el recorrido de la corriente, a menudo mucho más graves de lo que aparenta la marca en la piel.

El umbral de no soltar es el que de verdad mata

De toda la lista, el valor crítico no es el de la fibrilación: es ese escalón en torno a los 10 mA conocido como umbral de no soltar. Por encima de él, la contracción muscular es tan intensa que la mano se cierra sobre el objeto en lugar de apartarse. La persona quiere soltar y no puede.

Ahí aparece la variable que lo decide todo. Una corriente de 20 o 30 mA que durase una décima de segundo casi con seguridad no dejaría secuelas. La misma corriente, con la mano agarrada al cable porque los músculos no responden, dura todo el tiempo que tarde alguien en cortar el suministro: segundos, no milisegundos. Ese bloqueo, y no la intensidad en sí, es lo que convierte un accidente leve en uno mortal.

El tiempo pesa tanto como la intensidad

La consecuencia práctica es que el riesgo eléctrico no se describe con un número, sino con una pareja de valores: intensidad y duración. Los criterios de seguridad que están detrás del reglamento se construyen con curvas que relacionan ambas: una misma corriente puede quedar sin efectos relevantes si se corta rápido, y causar daño irreversible si se mantiene.

Eso explica el requisito que de verdad define un buen diferencial, y no es su sensibilidad: es su velocidad. La norma de producto exige a un diferencial de uso general cortar en menos de 300 milisegundos cuando la fuga iguala su sensibilidad nominal, y en menos de 40 milisegundos cuando es cinco veces mayor.

Combina los dos datos y tienes la lógica completa del dispositivo: la corriente que pasa por quien toca un cable queda dentro de lo tolerable porque alguien la corta en centésimas de segundo, no porque sea pequeña. El diferencial no reduce la intensidad de la descarga: reduce su duración.

De dónde salen los 30 mA (y por qué 300 mA no protege a personas)

Con esto, la cifra deja de ser arbitraria. Un dispositivo que detecte 30 mA de fuga actúa por debajo del rango en el que aparece el riesgo de fibrilación y, al hacerlo en milisegundos, deja la descarga en una combinación de intensidad y tiempo que el cuerpo tolera. De ahí que la ITC-BT-24, que regula la protección contra contactos directos e indirectos, exija 30 mA en los circuitos accesibles de una vivienda.

Conviene decirlo con claridad, porque la expectativa equivocada está muy extendida:

Un diferencial de 30 mA no evita el calambre. Evita que el calambre te mate.

Si tocas un conductor con tensión vas a notar la descarga igualmente. Lo que hace el dispositivo es desconectar antes de que entre en la zona peligrosa.

Esto también aclara para qué sirve un diferencial de 300 mA, y para qué no. Diez veces menos sensible no es “casi igual”: está una década por encima de los umbrales fisiológicos relevantes, así que no es una protección pensada para personas. Su función es proteger la instalación frente a fugas que pueden derivar en incendio y servir de protección general por encima de los de 30 mA de cada circuito, de forma que una fuga en el baño no deje la casa entera sin luz. Es la misma lógica de coordinación de por qué salta el general en vez del magnetotérmico del circuito afectado.

Y la sensibilidad no es el único parámetro: el tipo determina qué formas de fuga es capaz de ver. Los equipos antiguos solo detectan corrientes alternas limpias, mientras que electrónica, variadores, inducción o cargadores de coche generan componentes que requieren otros tipos, como explicamos en diferencial tipo AC, A, F o B. Un diferencial de 30 mA del tipo equivocado puede quedarse ciego ante la fuga que importa.

Las dos situaciones en las que el diferencial no te salva

Aquí está la parte que conviene conocer antes de meter las manos en una instalación.

Tocar fase y neutro a la vez: la corriente que el diferencial no ve

Un diferencial no mide corrientes peligrosas: compara la corriente que entra con la que sale. Si todo lo que va por la fase vuelve por el neutro, la suma cuadra y no actúa. Dispara únicamente cuando falta corriente en el retorno, porque se está escapando por otro camino: normalmente la tierra, o una persona en contacto con el suelo.

¿Y si el cuerpo se convierte en el puente entre fase y neutro, por ejemplo agarrando los dos conductores de una lámpara, uno con cada mano? La corriente entra por la fase, atraviesa el tórax y vuelve ordenadamente por el neutro. La suma sigue cuadrando: el diferencial no dispara. El magnetotérmico tampoco, porque esos 150 mA son una miseria para un dispositivo de 10 o 16 A.

Es el escenario más desfavorable posible: trayectoria mano a mano, duración indefinida y ningún dispositivo del cuadro vigilando. La única protección en ese caso no está en el cuadro, está en el procedimiento: trabajar sin tensión, verificar la ausencia de tensión antes de tocar y no fiarse del interruptor de la pared. Que ciertas intervenciones estén reservadas a personal cualificado no es burocracia, y lo detallamos en el RD 614/2001 y quién puede manipular un cuadro.

El diferencial que está puesto pero no dispara

La segunda situación es más banal y bastante más común: el diferencial está en el cuadro, se ve bien, nunca ha dado problemas… y no funciona. Es un dispositivo electromecánico y su mecanismo de disparo se degrada con los años, con la humedad y con la falta de uso.

Por eso existe el botón de test, y por eso conviene pulsarlo una vez al mes. Si al pulsarlo no salta, no está protegiendo nada. Dos matices:

  • Que el botón funcione confirma que el mecanismo se dispara, pero no mide su sensibilidad real ni su tiempo de corte. Eso se comprueba con instrumento, y es parte de lo que se verifica al emitir un boletín eléctrico o al medir la resistencia de aislamiento.
  • Un diferencial de hace veinticinco años puede seguir disparando y ser insuficiente igualmente, si es de un tipo que no ve las fugas que genera la electrónica actual. Si el cuadro es de esa época, el planteamiento razonable es su sustitución completa.

Hay un tercer caso que no es una excepción, pero sí un agravante: la instalación sin toma de tierra efectiva. Con una tierra en condiciones, un defecto de aislamiento deriva a tierra y el diferencial actúa solo, sin que nadie toque nada. Sin tierra, la carcasa metálica se queda a tensión esperando, y el diferencial no se entera hasta que alguien la toca y hace de camino a tierra. Sigue salvando a esa persona, pero una vez producido el contacto. Si no sabes en qué estado está la tuya, mira qué es la toma de tierra y cómo comprobar si funciona.

Por qué la alterna de la red es más peligrosa que la continua

A igualdad de intensidad, la corriente alterna de la red es especialmente desfavorable por dos motivos: provoca la contracción muscular sostenida que produce el bloqueo, y los 50 Hz caen justo en el rango que más fácilmente desencadena una fibrilación. Con continua el umbral de percepción es más alto y los efectos son de otra naturaleza, más ligados a quemaduras y a fenómenos electroquímicos. De ahí no se deduce que sea inofensiva, y cada vez hay más en una vivienda: fotovoltaica, acumuladores, electrónica de potencia. Además es peor en un aspecto concreto, el arco que se forma al abrir un circuito no se extingue solo como en alterna, de modo que los defectos degeneran con más facilidad en arcos persistentes. Eso lo vigila un dispositivo distinto, el detector de arco o AFDD.

Las tensiones de seguridad: por qué un baño cambia las reglas

Si el riesgo depende de la impedancia del cuerpo y esa impedancia se desploma con la humedad, el mismo contacto es radicalmente distinto según dónde ocurra. Esa es la idea detrás de las tensiones de seguridad que se manejan como referencia clásica: del orden de 50 V en seco, 24 V en ambientes húmedos y 12 V en inmersión. No son tres cifras para memorizar, son tres escenarios: vestido y calzado en un salón, descalzo y mojado en un baño, o dentro del agua.

Eso explica por qué el baño y la cocina tienen reglas propias y aparentemente exageradas: volúmenes con exigencias distintas, grados de protección mínimos y diferencial de alta sensibilidad obligatorio. La humedad no aumenta la tensión de la red; aumenta la corriente que esa misma tensión puede hacer circular por una persona. Lo tienes desarrollado en la ITC-BT-30 y las zonas húmedas y, en clave de obra, en reformar un baño: volúmenes, IP y diferencial.

Si alguien está recibiendo una descarga

Conviene tenerlo claro de antemano, porque es una situación en la que el instinto juega en contra:

  1. No tocar a la persona. Si sigue en contacto con la instalación, quien la agarre entra en el mismo circuito.
  2. Cortar la corriente. Bajar el interruptor general del cuadro o desenchufar el aparato es lo primero y lo más rápido.
  3. Si no se puede cortar, separarla del contacto con un objeto aislante y seco, sin tocarla directamente.
  4. Llamar al 112 y seguir sus indicaciones.

Y un detalle que se pasa por alto: conviene que la persona reciba valoración médica aunque parezca encontrarse bien, porque una descarga que ha atravesado el tórax puede dejar alteraciones del ritmo cardíaco que no se manifiestan de inmediato.

Lo que puedes comprobar en tu cuadro esta semana

Sin herramientas y en cinco minutos:

  • Mira la sensibilidad grabada en el frontal del diferencial. Debe decir 30 mA o 0,03 A en los que protegen circuitos de la vivienda. Si solo hay uno y marca 300 mA, la instalación no tiene protección de personas donde la necesita.
  • Pulsa el botón de test. Debe saltar al instante. Si no salta, es un cambio urgente, no una revisión pendiente.
  • Cuenta cuántos diferenciales hay. Uno solo para toda la casa significa que cualquier fuga deja la vivienda entera sin luz, nevera incluida.
  • Fíjate en si el cable amarillo-verde llega a los enchufes. En pisos antiguos a menudo no está, y ese detalle cambia el comportamiento de toda la protección; aquí explicamos qué significa cada color.
  • Si notas hormigueos al tocar un electrodoméstico, no lo normalices: hay una fuga por debajo del umbral de disparo y se localiza con pinza, como contamos en corriente de fuga: qué es y cómo se mide.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos amperios son mortales?

La pregunta se plantea en amperios y la respuesta está en miliamperios: el riesgo serio aparece en el entorno de unas decenas de milésimas de amperio, con la duración y el recorrido por el cuerpo como variables decisivas. Un enchufe doméstico puede hacer circular por una persona entre 100 y 200 mA, muy por encima de ese entorno. Por eso la protección se mide en 30 mA y no en amperios.

Si tengo un diferencial de 30 mA, ¿puedo tocar un cable sin peligro?

No. El diferencial no impide la descarga, acorta su duración para que no llegue a ser mortal, y notarás el calambre igualmente. Además hay un caso en el que directamente no actúa: si el cuerpo hace de puente entre fase y neutro, la corriente vuelve por el neutro y la comparación entre entrada y salida sigue cuadrando. La protección real en cualquier intervención es trabajar sin tensión y verificar su ausencia.

Noto pequeños calambres en un electrodoméstico y el diferencial no salta. ¿Es normal?

No es normal, pero es coherente: hay una fuga con intensidad suficiente para percibirse y menor que el umbral de disparo, lo que suele apuntar a un aislamiento degradado o a una toma de tierra inexistente o mal conectada. Se localiza midiendo la corriente de fuga con pinza, circuito a circuito. Conviene no usar ese aparato mientras no se resuelva.

¿Por qué se insiste tanto en que la corriente no atraviese el pecho?

Porque los recorridos que cruzan el tórax, de mano a mano o de mano izquierda a pie, exponen al corazón y a la musculatura respiratoria, y concentran los casos de fibrilación. Esa es la razón práctica de la vieja costumbre de trabajar con una sola mano y no apoyar la otra en una superficie conductora: no evita el calambre, pero evita que el camino sea el peor posible.

En resumen

Los 30 mA del diferencial no son una cifra de catálogo: son el resultado de medir qué le hace la corriente alterna al cuerpo y cuánto tiempo lo tolera. Y lo decisivo de ese dispositivo no es su sensibilidad, es la velocidad con la que corta. Tres ideas que conviene llevarse: reduce la duración de la descarga, no su intensidad; no todas las descargas pasan por él, porque el contacto entre fase y neutro le resulta invisible; y un diferencial sin probar es una protección que nadie ha confirmado que exista.

Si al mirar tu cuadro te encuentras con un único diferencial, con una sensibilidad de 300 mA, con un equipo que no salta al pulsar el test o sin cable de tierra en los enchufes, eso no es una mejora opcional. Podemos revisarlo, medirlo y dejarlo en condiciones: cuadro eléctrico, cuadro eléctrico en Sabadell y reparación de averías en Terrassa.


Publicado por

Equipo electrico24