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Instalación eléctrica de un almacén logístico: sala de carga de carretillas, iluminación de nave y muelles

Cómo se plantea la parte eléctrica de una nave logística: sala de carga de baterías, ventilación, iluminación de pasillos, muelles y contra incendios.

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Un almacén logístico es engañoso desde el punto de vista eléctrico porque no tiene máquinas grandes. No hay tornos, ni hornos, ni una prensa de veinte toneladas. Hay estanterías, carretillas y un muelle. Y sin embargo es de los locales donde con más frecuencia nos encontramos la potencia mal calculada y la instalación apurada justo donde no debería estarlo. El motivo es que la carga principal de una nave logística no funciona cuando hay gente trabajando, sino de noche, toda a la vez, durante ocho horas seguidas: los cargadores de las baterías de tracción. Y esa es exactamente la carga que los coeficientes de simultaneidad de manual dimensionan peor.

Esta guía repasa cómo se plantea la instalación interior de un almacén de tamaño medio y qué zonas tienen requisitos propios.

Las cuatro cargas que definen un almacén

Antes de hablar de cuadro conviene ordenar qué consume de verdad una nave logística. En la práctica, cuatro bloques con comportamientos muy distintos:

  • Cargadores de baterías de carretillas y transpaletas. Según flota y tecnología, entre 3 y 10 kW por cargador convencional, y bastante más en carga rápida. Funcionan de forma simultánea y prolongada.
  • Iluminación de nave, pasillos y picking. Con LED de campana la potencia total es contenida, pero está encendida muchas horas y repartida por toda la superficie.
  • Muelle de carga. Niveladores hidráulicos, puertas seccionales, abrigos, semáforos y alumbrado exterior: potencias pequeñas, pero motores, intemperie y arranques constantes.
  • Servicios auxiliares. Oficina, red WiFi para los terminales de radiofrecuencia, CCTV, control de accesos, cámara frigorífica si hay cadena de frío y el grupo de presión contra incendios.

La suma instalada de una nave media rara vez impresiona. El problema nunca es el total: es que un bloque concreto concentra casi todo el consumo en la franja en que no hay nadie mirando. Y si la potencia no da, conviene entender antes cómo se resuelve el suministro eléctrico de una nave en un polígono y cuándo entra en juego un centro de transformación, porque la solución no siempre pasa por contratar más.

La sala de carga de baterías: donde está el riesgo real

Esta es la parte que más se improvisa y la que más consecuencias tiene. Una batería de tracción de plomo-ácido, mientras carga y sobre todo al final de la carga, libera hidrógeno. No es un detalle teórico: el hidrógeno es inflamable en concentraciones muy bajas y se acumula en la parte alta del recinto, justo donde nadie mira.

Eso significa que el entorno inmediato de los tapones o válvulas de la batería se considera una atmósfera potencialmente explosiva, y que a ese volumen se le aplican los criterios de la ITC-BT-29 para locales con riesgo de incendio o explosión. La distancia de seguridad alrededor de la batería no es un número fijo que se pueda copiar de un almacén a otro: se calcula a partir de la capacidad, el número de vasos y la corriente de carga, siguiendo la norma específica de baterías de tracción.

En la práctica, esto se traduce en decisiones muy concretas:

  • Ningún elemento que pueda generar chispa dentro de la distancia de seguridad. Ni tomas de corriente, ni interruptores, ni luminarias convencionales, ni cuadros. Lo habitual y lo sensato es diseñar la sala para que todo eso quede fuera, en lugar de recurrir a equipo antideflagrante para poder ponerlo cerca.
  • Ventilación suficiente, alta y calculada. El hidrógeno sube. Una rejilla a media pared no sirve de nada. El caudal necesario se calcula; no se estima a ojo. Puede ser natural si la geometría lo permite, o forzada.
  • Si la ventilación es forzada, va enclavada con los cargadores. Es decir: si el extractor falla, los cargadores se paran. Sin ese enclavamiento, la ventilación forzada es una falsa sensación de seguridad, porque nadie se entera de que el motor ha dejado de girar hasta que hay un problema.
  • Suelo y estructura adecuados al electrolito, con la zona delimitada y señalizada.

Con baterías de ión-litio el escenario cambia: no hay emisión de hidrógeno en carga normal, así que el requisito de ventilación por atmósfera explosiva desaparece. A cambio aparece una demanda instantánea bastante mayor si se hace carga de oportunidad durante los turnos, y criterios de protección contra incendio específicos del litio que conviene revisar con el proveedor de la flota. Cambia el problema, no desaparece.

Por qué la simultaneidad de siempre no sirve aquí

Aquí está el error de cálculo más repetido. En un taller mecánico o una imprenta se aplica un coeficiente de simultaneidad porque es cierto que no todas las máquinas funcionan a la vez. En una sala de carga ocurre lo contrario: al terminar el turno, todas las carretillas se enchufan a la vez, y todos los cargadores entran en su fase de mayor consumo más o menos en paralelo. El coeficiente realista se acerca a uno.

Con una flota de ocho carretillas, la sala de carga sola puede ser el mayor consumidor de la nave, funcionando toda la noche mientras el resto del almacén está apagado. Dos consecuencias prácticas:

  • Cada cargador con su circuito y su protección, dimensionados a su intensidad real. Conectar dos cargadores a una misma toma mediante regleta o alargador es una práctica que vemos más de lo que debería.
  • La línea de la sala se calcula como carga permanente, no como toma de fuerza ocasional. En naves largas, con el cuadro en la entrada y la sala al fondo, el criterio que manda acaba siendo la caída de tensión admisible y no la intensidad: un cargador alimentado con tensión baja carga peor y calienta más.

Hay además un efecto que se paga en la factura: los cargadores son cargas no lineales y contribuyen a un mal factor de potencia. Si el recibo trae penalización, merece la pena revisar qué es la energía reactiva y cómo se corrige antes de dar por hecho que hay que contratar más potencia.

Iluminación: mandan los pasillos, no la retícula

En una nave diáfana se ilumina por retícula y se acierta. En un almacén con estanterías, no. Las estanterías crean corredores profundos y una retícula estándar deja los pasillos en penumbra mientras ilumina de sobra la parte alta de los racks, que es donde no hay nadie leyendo etiquetas.

El planteamiento correcto es alinear las luminarias con los pasillos y usar ópticas adecuadas a la altura de montaje, con haces más cerrados cuanto más alto. A partir de ahí, tres criterios:

  • Niveles distintos por zona. El pasillo de almacenaje, el picking y el área de verificación no necesitan lo mismo. Igualar todo hacia arriba es tirar consumo; igualar hacia abajo genera errores de preparación.
  • Uniformidad y deslumbramiento. Un operario que mira hacia arriba para localizar una ubicación tiene la luminaria en su campo visual, así que la óptica importa tanto como los lúmenes. Elegir bien entre temperatura de color, reproducción cromática y flujo es más determinante de lo que parece: lo vemos en cómo elegir iluminación LED según lúmenes, kelvin e IRC.
  • Control por zonas, no un solo interruptor. Detección de presencia por pasillo y circuitos independientes evitan que un almacén trabajando a media capacidad ilumine los veinte pasillos. Es el ahorro más directo y el que menos se implementa.

A esto se suma el alumbrado de emergencia, que en una nave con recorridos largos y racks altos no es un trámite de proyecto: es lo que permite salir de un pasillo ciego si se va la luz.

Muelle de carga y zona exterior

El muelle es la zona donde más se degrada una instalación con el tiempo, por tres motivos que se combinan: está a la intemperie, recibe golpes y tiene motores arrancando decenas de veces al día. Lo que hay que resolver bien:

  • Niveladores y puertas seccionales, cada uno con su protección de motor ajustada, no solo un magnetotérmico de línea. Son motores pequeños que arrancan y paran constantemente.
  • Envolventes y luminarias con grado de protección adecuado. Aquí no basta con pensar en el agua: en un muelle hay impactos de transpaleta y de carga. Por eso importan los dos índices, y conviene tener claro qué significan el grado IP y el grado IK antes de comprar material.
  • Tomas industriales bien elegidas, con la intensidad y configuración que corresponda a lo que se va a enchufar de verdad, en lugar de una batería de schukos con una tapa que dura seis meses.
  • Alumbrado de muelle y de maniobra exterior, con circuito propio, para que trabajar de noche no dependa del alumbrado general de la nave.

Lo que casi siempre falta

Tres elementos que aparecen tarde en casi todos los proyectos que revisamos:

La línea del grupo de presión contra incendios. Si la nave tiene bocas de incendio equipadas o rociadores con grupo de bombeo eléctrico, esa alimentación no es una línea más del cuadro: es exclusiva, se toma antes del interruptor general de la instalación para que no pueda quedarse sin servicio al cortar el general, y discurre con cable resistente al fuego. Es un requisito que encaja con el resto de obligaciones de mantenimiento y documentación que describimos al hablar del RIPCI y el RD 513/2017.

Alimentación protegida para el sistema de información. Un almacén moderno se para si caen los puntos de acceso WiFi o el servidor de gestión, porque los terminales de radiofrecuencia dejan de guiar las ubicaciones. Un SAI para el rack de comunicaciones sale a cuenta frente a una jornada de operativa a ciegas.

Reserva en el cuadro. Las naves logísticas cambian de uso continuamente: entra una cámara de frío, se amplía la flota, aparece un punto de recarga para la furgoneta de reparto. Dejar módulos libres y canalización con margen es la diferencia entre ampliar en una mañana o rehacer el cuadro.

Y un cuarto que no es de instalación sino de orden de trabajo: la iluminación se diseña con el plano de implantación de estanterías encima de la mesa, no con la nave vacía. Es el error más caro de corregir, porque significa volver a colgar luminarias.

FAQ

¿Puedo cargar las carretillas en la propia nave, sin una sala separada?

Con baterías de plomo-ácido depende del volumen de la nave, de la ventilación disponible y del número de cargadores. En almacenes grandes y bien ventilados a veces se resuelve con una zona delimitada en lugar de un recinto cerrado, pero esa decisión se toma después de calcular el caudal de ventilación y la distancia de seguridad, no antes. Lo que no es aceptable es cargar en un rincón sin delimitar, junto a mercancía y con tomas de corriente al lado.

¿Cuánta potencia hay que contratar para un almacén con flota de carretillas?

No sale de sumar placas de características. Se analiza la curva real por franjas: de día mandan la iluminación, el muelle y los servicios; de noche, los cargadores casi en solitario y casi todos a la vez. En muchas naves el pico de contratación lo fija la franja nocturna, algo que sorprende a la propiedad. Y es frecuente que la solución sea escalonar los cargadores en vez de subir potencia, sobre todo si la flota ha crecido después de la puesta en marcha.

Vamos a poner LED en toda la nave. ¿Puedo reutilizar el cableado del alumbrado antiguo?

En cuanto a sección, normalmente sí: el LED consume bastante menos que las campanas de descarga que sustituye y el cable queda sobrado. Hay que revisar otras tres cosas: el estado del aislamiento tras años de servicio, si el reparto de circuitos permite el control por zonas que ahora interesa, y la curva de las protecciones. Los drivers LED dan un pico de corriente en el encendido, y arrancar muchas luminarias en un mismo circuito provoca disparos si la protección no es la adecuada.

¿Qué documentación necesito si reformo la instalación del almacén?

Depende del alcance y de la potencia. Una modificación relevante del cuadro, una ampliación de potencia o la puesta en marcha de una zona con clasificación de riesgo exigen certificado de instalación emitido por empresa instaladora habilitada, y según el caso proyecto técnico e inspección inicial por organismo de control. Si hay grupo de bombeo contra incendios o alumbrado de emergencia, entra además su mantenimiento periódico obligatorio. Conviene aclarar qué figura toca antes de empezar la obra, porque condiciona el diseño y no solo el papel final.

Si estás montando un almacén, ampliando la flota de carretillas o te has encontrado con que la sala de carga se queda corta y los disparos aparecen siempre de madrugada, el punto de partida es analizar la curva real de consumo por franjas y repartir el cuadro en consecuencia. Podemos revisar la instalación y dejarlo por escrito: échale un vistazo a cuadro eléctrico o a subida de potencia.


Publicado por

Equipo electrico24