Instalación eléctrica de una imprenta: offset, digital, plotter y guillotina en el mismo cuadro
Cómo se plantea la parte eléctrica de un taller de artes gráficas: previsión de cargas, arranques de máquina, calidad de red para la digital y reparto del cuadro por zonas.
Una imprenta es de esos locales que engañan cuando entras a verlo. A primera vista parece una nave ordenada con cuatro máquinas grandes y poco más, pero eléctricamente convive lo peor de dos mundos: motores potentes que arrancan de golpe y electrónica sensible que no tolera que la tensión se mueva. La offset, la guillotina y el compresor se comportan como cargas industriales de manual; la impresora digital de producción, el RIP y el plotter son, a efectos prácticos, ordenadores caros con cabezales que no perdonan un microcorte. Cuando ambas cosas cuelgan del mismo cuadro sin pensarlo, empiezan los problemas raros: trabajos que se cortan a media tirada, máquinas que se reinician cada vez que arranca la guillotina, disparos que nadie sabe explicar. Esta guía repasa cómo se plantea la instalación de un taller de artes gráficas de tamaño medio y en qué orden conviene tomar las decisiones.
La previsión de cargas: menos potencia de la que crees, peor repartida
Lo primero es poner números encima de la mesa, porque en artes gráficas la sorpresa no suele ser la potencia total sino cómo se concentra. Un taller tipo, con una offset de pliego, una digital de producción y acabados, se parece a esto:
- Máquina offset: el motor principal más los grupos auxiliares (bomba de vacío, humectación, termostatación de tinteros). Según formato, entre 8 y 25 kW, con la particularidad de que la bomba de vacío arranca y para constantemente.
- Impresora digital de producción: entre 3 y 10 kW, pero con un detalle importante: los sistemas de fusión piden picos muy superiores al consumo medio, y muchas de estas máquinas exigen línea dedicada por especificación del fabricante.
- Guillotina trifásica: 3 a 7 kW. El motor del embrague da un pico corto y muy marcado en cada corte.
- Plegadora, encoladora, encuadernadora: 1,5 a 5 kW cada una, con resistencias de calentamiento en las encoladoras que suman consumo constante.
- Plotter de gran formato y equipos de preimpresión: potencia baja, pero sensibles y funcionando muchas horas.
- Compresor: 4 a 11 kW, arrancando repetidamente durante toda la jornada.
- Climatización y control de humedad: en imprentas serias no es confort, es proceso. El papel trabaja distinto según humedad, y ese equipo funciona todo el día.
- Alumbrado del taller, zona de revisión de color y oficina: 2 a 5 kW.
La suma instalada se queda a menudo entre 40 y 70 kW, cifra que no asusta a nadie. El problema es que buena parte de esa carga es motor con arranque directo y otra parte es electrónica que no admite variaciones. Es decir: la potencia contratada casi nunca es el cuello de botella real, lo es la calidad de la red interior.
Separar el mundo motor del mundo electrónico
Esta es la decisión que más determina si el taller funcionará bien o dará guerra durante años. Un motor de bomba de vacío o de guillotina, arrancando en directo, provoca una caída de tensión momentánea en la instalación. Si la línea que alimenta la digital y la preimpresión comparte recorrido y sección con esas cargas, esa caída llega a la electrónica en forma de hueco de tensión. La máquina no se apaga, pero aborta el trabajo o pierde la comunicación con el RIP, y el operario acaba culpando al software.
La forma correcta de plantearlo es un reparto por naturaleza de carga, no por proximidad física:
- Línea de máquinas de impresión offset y acabados: sección generosa, protección de motor propia por máquina y su propio recorrido desde el cuadro general.
- Línea de compresor y servicios de aire: independiente, porque es la carga que más veces arranca al día.
- Línea de impresión digital y preimpresión: recorrido propio desde el cuadro general, sin compartir con nada que tenga motor. Si el fabricante exige línea dedicada, se cumple literalmente.
- Línea de alumbrado y oficina: separada, para que un disparo en producción no deje el taller a oscuras.
Aquí el criterio que manda es la caída de tensión admisible, y conviene calcularla de verdad y no por costumbre: en naves alargadas, con la offset al fondo y el cuadro en la entrada, la distancia hace más daño que la intensidad. Merece la pena entender qué es la caída de tensión, qué límites marca el reglamento y cómo se mide antes de cerrar secciones, porque corregirlo después significa volver a pasar cable.
Protecciones: curvas, guardamotores y poder de corte
En un taller lleno de motores, la elección de protecciones es donde se cometen los errores que luego se pagan en disparos crónicos.
Curva del magnetotérmico. Una bomba de vacío o el motor de una guillotina dan una intensidad de arranque varias veces superior a la nominal durante fracciones de segundo. Con una curva pensada para cargas suaves, el resultado es un disparo cada pocos arranques. Elegir bien entre curva B, C o D según el tipo de carga resuelve el problema sin caer en la tentación de subir amperaje por encima de lo que aguanta el cable, que es exactamente lo que convierte una molestia en un riesgo.
Protección específica del motor. Un magnetotérmico protege el cable, no el bobinado. Cada máquina con motor de cierta entidad debería llevar guardamotor o relé térmico ajustado a su intensidad nominal, siguiendo los criterios de la ITC-BT-47 para motores. En imprentas es habitual encontrar máquinas de veinte años funcionando con la protección original desajustada tras alguna reparación.
Poder de corte. En locales con acometida potente y cuadro cerca del contador, el poder de corte de la protección general no es un detalle de catálogo. Conviene revisar si necesitas 6 kA o 10 kA en tu caso concreto, porque instalar por debajo de lo que corresponde deja la instalación sin margen justo en el momento que importa.
Diferenciales. El error clásico es un solo diferencial general para toda la nave. Con equipos electrónicos y variadores hay corrientes de fuga naturales que se suman: cada máquina aporta lo suyo, y llega un punto en que el diferencial dispara sin que haya avería en ninguna parte. La solución es repartir en varios diferenciales por zona y usar el tipo adecuado allí donde hay variadores o electrónica de potencia, no simplemente subir la sensibilidad.
Calidad de red: sobretensiones y arranques
Dos intervenciones que en artes gráficas se amortizan solas.
La primera es la protección contra sobretensiones. Un taller donde la electrónica de una sola máquina vale lo que vale no puede quedar expuesto a una sobretensión transitoria por conmutación de red o descarga atmosférica. El protector va en el cuadro general y, si la instalación es larga o hay equipos muy sensibles al fondo, se complementa con protección secundaria cerca de esos equipos.
La segunda son los arrancadores y variadores. Sustituir el arranque directo por arranque progresivo en compresor y bomba de vacío hace tres cosas a la vez: elimina el hueco de tensión que molesta a la digital, reduce el esfuerzo mecánico de la máquina y baja el pico de intensidad que obliga a sobredimensionar. En talleres con quejas de “la digital se corta cuando arranca el compresor”, esto suele ser la solución real, no cambiar la máquina de sitio.
Y hay un tercer punto que aparece en la factura: tantos motores generan energía reactiva, y con ella recargos. Corregirlo con una batería de condensadores dimensionada al consumo real es de las pocas actuaciones eléctricas que se pagan solas; lo detallamos en el artículo sobre energía reactiva y factor de potencia en locales.
El cuadro: por zonas y con reserva de verdad
La estructura que mejor funciona es cuadro general más sub-cuadros por zona, cada uno cerca de lo que alimenta:
- Cuadro general: protección general, protector de sobretensiones, medida y reparto. Reserva de espacio real, no dos módulos libres.
- Sub-cuadro de impresión: offset y sus auxiliares, con maniobras y protecciones de motor.
- Sub-cuadro de acabados: guillotina, plegadora, encoladora, tomas industriales de la zona.
- Sub-cuadro de digital y preimpresión: líneas dedicadas, protección secundaria de sobretensiones y tomas identificadas para que nadie enchufe ahí un radiador en invierno.
- Sub-cuadro de servicios: alumbrado, oficina, climatización, control de humedad.
Sobre las tomas de fuerza, en un taller así conviene ser estricto con el tipo y con el amperaje: base industrial donde hay máquina trifásica y base convencional solo donde corresponde. Las prescripciones generales de las instalaciones interiores están recogidas en la ITC-BT-19, y respetarlas evita el clásico taller lleno de adaptadores y alargadores rodando por el suelo entre máquinas.
La luz de la zona de revisión de color
En una imprenta la iluminación general puede ser estándar, pero hay un punto donde no lo es: la mesa donde se comprueba el color de la tirada. Si esa luz no reproduce bien los tonos, las validaciones se hacen a ciegas y el cliente devuelve trabajos que técnicamente estaban bien. Los parámetros que importan son la temperatura de color y, sobre todo, el índice de reproducción cromática; conviene tener claro qué significan lúmenes, kelvin e IRC antes de comprar luminaria.
En el resto de la nave manda la robustez: polvo de papel, vibración y horas de funcionamiento. Y en la zona de máquinas, un nivel de iluminación decente sobre el punto de trabajo reduce errores de registro y accidentes con guillotina.
Documentación y puesta en marcha
Un taller de artes gráficas se legaliza como local con actividad industrial, y la instalación tiene que quedar certificada por instalador habilitado con la memoria o el proyecto que corresponda según la potencia. Si vas a montar el taller en un local que antes tenía otra actividad, cuenta con rehacer cuadro y canalizaciones: es muy raro que un local de comercio o de oficinas tenga trifásica repartida y secciones aptas para estas máquinas. El orden que menos disgustos da es siempre el mismo: definir máquinas y layout, dimensionar la instalación, y solo entonces pedir potencia a la distribuidora. Si estás dando de alta el suministro por primera vez, repasa los pasos y la documentación del alta de luz en un local comercial para no encadenar esperas evitables.
Los errores que más vemos
- Impresora digital colgada de la misma línea que la bomba de vacío, con trabajos que se abortan sin explicación aparente.
- Secciones calculadas por intensidad sin mirar la distancia, en naves donde la máquina está a treinta metros del cuadro.
- Un único diferencial general para todo el taller, disparando por suma de fugas naturales de los equipos electrónicos.
- Guardamotores desajustados tras una reparación y nunca revisados.
- Sin protector de sobretensiones en un local donde la electrónica es el activo más caro.
- Cuadro ampliado a base de derivaciones según iban entrando máquinas, hasta que nadie sabe qué alimenta cada protección.
- Tomas industriales compartidas mediante alargadores entre dos máquinas que a veces funcionan a la vez.
FAQ
¿Por qué se corta la impresora digital cuando arranca el compresor?
Casi siempre es un hueco de tensión. El compresor arrancando en directo provoca una caída momentánea que la electrónica de la digital interpreta como una anomalía de alimentación y aborta el trabajo. No es un fallo de la máquina ni del software. Se corrige de dos maneras, y lo habitual es aplicar ambas: dar a la digital una línea propia desde el cuadro general, sin compartir recorrido con cargas de motor, e instalar un arrancador progresivo en el compresor para que deje de tirar de la red de golpe.
¿Necesito trifásica para montar una imprenta pequeña?
Con offset, guillotina o compresor, sí: esas máquinas vienen en versión trifásica en las potencias habituales. Un taller solo de digital y gran formato puede empezar en monofásica, pero es una decisión que suele acabar revisándose en cuanto entra la primera máquina de acabados. Si el local ya dispone de trifásica, aunque de momento no la uses toda, conviene mantenerla y repartirla bien desde el principio en lugar de tener que solicitarla más adelante.
¿Cuánta potencia debo contratar?
No sale de sumar la placa de características de todas las máquinas. En una imprenta rara vez funciona todo a la vez: la offset y la digital se alternan según el tipo de trabajo, y acabados suele ir después de tirada. Lo que se hace es una previsión con coeficientes de simultaneidad realistas a partir de cómo trabaja el taller de verdad. Es frecuente que el resultado sea bastante inferior a la suma bruta, y que el dinero esté mejor invertido en repartir bien la instalación que en contratar potencia de más.
¿Puedo aprovechar la instalación del local anterior?
Depende de qué hubiera antes. Si era una nave industrial o un taller, es probable que la acometida, la envolvente general y parte de las canalizaciones sirvan, y haya que rehacer cuadro y líneas de máquina. Si era comercio u oficinas, lo normal es que no haya trifásica repartida ni secciones aptas, y se rehaga casi todo aguas abajo del contador. Una revisión previa con medición de aislamiento y de resistencia de tierra aclara en un par de horas qué se conserva y qué no, y evita presupuestar a ciegas.
Si estás montando un taller de artes gráficas, ampliando con una máquina nueva o llevas meses peleándote con cortes en la digital y disparos sin causa aparente, el punto de partida es una previsión de cargas realista y un cuadro repartido por naturaleza de carga, no por cercanía. Podemos revisar tu instalación y dejarlo por escrito: échale un vistazo a cuadro eléctrico o a reparación de averías.
Publicado por
Equipo electrico24