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Instalación eléctrica de una lavandería autoservicio: lavadoras, secadoras, trifásica y cuadro

Cómo se dimensiona la instalación eléctrica de una lavandería autoservicio: potencia real, secadoras, simultaneidad, trifásica, cuadro por zonas y protecciones sin personal en sala.

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Una lavandería autoservicio es, desde el punto de vista eléctrico, uno de los locales comerciales más exigentes que se pueden montar en un bajo de barrio. No por la complejidad del montaje, que es relativamente sencillo, sino por dos cosas que casi nadie tiene en cuenta al firmar el traspaso: la potencia real que piden las secadoras y el hecho de que el local funciona sin nadie dentro que pueda rearmar un automático cuando salta.

En este artículo verás cómo se plantea la instalación de una lavandería autoservicio de 40 a 80 m² con 6-10 máquinas, qué cargas mandan sobre el resto, por qué el cálculo de simultaneidad decide el negocio, cómo se organiza el cuadro y qué protecciones son innegociables cuando la sala está desatendida. Está pensado para quien va a abrir o reformar y quiere entender el proyecto antes de aceptar un presupuesto.

La carga que decide todo: las secadoras

En una lavandería la intuición engaña. Uno piensa que las lavadoras son lo pesado porque son las máquinas más grandes y las que más ruido hacen. En realidad, la lavadora industrial de autoservicio de 8-11 kg consume relativamente poco en régimen: entre 0,3 y 2,5 kW, según si calienta el agua eléctricamente o la recibe ya caliente de una caldera. Lo que sube es el arranque del motor de centrifugado, que es breve.

La secadora es otra historia. Una secadora eléctrica de autoservicio de 10-14 kg tira de resistencias de 4,5 a 9 kW mantenidas durante todo el ciclo, no en picos. Y ahí está el problema: en un local con cuatro secadoras eléctricas funcionando a la vez, ya vas por 20-35 kW sólo en secado, sin contar nada más.

Por eso el primer cruce de la conversación con el instalador debe ser siempre el mismo: ¿secadoras eléctricas o a gas?

  • Secadoras eléctricas: instalación más simple, sin obra de gas ni salida de humos regulada por combustión, pero potencia contratada muy alta y factura de energía elevada. Es el camino habitual en locales pequeños de 4-6 máquinas.
  • Secadoras a gas: reducen drásticamente la potencia eléctrica (la máquina sólo necesita el motor del tambor y el ventilador, en torno a 0,4-0,8 kW), pero exigen instalación de gas legalizada, su propio certificado y una salida de evacuación conforme. Compensa a partir de cierto número de máquinas y de horas de uso.

Si el proyecto va con secadoras eléctricas, la potencia a contratar se dispara y hay que verificar disponibilidad en el edificio antes de comprometerse. Tienes el procedimiento en subir la potencia eléctrica.

Qué más suma en el cómputo

Además de las máquinas hay cargas que se olvidan al hacer el primer número y luego aparecen:

  • Caldera o termo de agua caliente, si las lavadoras reciben agua precalentada. Un termo eléctrico de alta recuperación puede añadir 3-6 kW.
  • Central de pago y monedero, con su electrónica siempre alimentada.
  • Iluminación general y rótulo exterior, normalmente LED, 0,5-1,5 kW.
  • Climatización de la sala, muchas veces subestimada: una lavandería con secadoras acumula calor y humedad, y el aire acondicionado acaba trabajando muchas horas en verano.
  • Videovigilancia, router y sistema de apertura automática de puerta, cargas pequeñas pero que deben estar siempre alimentadas.

Simultaneidad: el cálculo que decide si el negocio funciona

Aquí está el corazón del proyecto. Si dimensionas para que las 10 máquinas puedan funcionar simultáneamente a plena carga, la potencia contratada se va a un nivel que hace inviable la cuenta de explotación. Si dimensionas demasiado justo, el local salta un sábado por la tarde con la sala llena.

El planteamiento razonable es estudiar el perfil real de uso: en una lavandería de barrio, las puntas se concentran en fines de semana y en las primeras horas de la tarde, y el ciclo de lavado y el de secado están desfasados en el tiempo (nadie seca al mismo minuto en que carga). Un instalador con experiencia en este tipo de local trabaja con factores de simultaneidad realistas por grupos de máquinas en lugar de sumar todas las placas de características.

Complementariamente, muchos fabricantes de equipamiento de autoservicio ofrecen gestores de carga o secuenciadores que impiden que arranquen a la vez más de X resistencias de secado, escalonando el consumo. Es una inversión que a menudo se paga sola con la diferencia de potencia contratada evitada, y merece la pena plantearlo en la fase de proyecto y no cuando el local ya está montado.

Monofásica o trifásica

Con secadoras eléctricas la respuesta es casi siempre trifásica, sin discusión. Las razones son tres:

  1. Por encima de 14,49 kW la monofásica deja de ser una opción práctica.
  2. Las secadoras industriales de autoservicio de cierto tamaño ya vienen preparadas para conexión trifásica de serie.
  3. Repartir las cargas monofásicas (lavadoras, iluminación, tomas) equilibradamente entre las tres fases evita desequilibrios que penalizan la instalación y provocan disparos raros difíciles de diagnosticar.

Con secadoras a gas y un local pequeño puede haber margen para quedarse en monofásico, pero conviene mirar más allá del día de la apertura: ampliar máquinas después con una acometida monofásica limitada obliga a rehacer trabajo. Los criterios generales de este cambio están en cambiar de monofásico a trifásico.

Un punto que sorprende a muchos propietarios: con tanto motor y tanta electrónica, una lavandería puede acabar con penalización por energía reactiva en factura. Si el local es de cierto tamaño conviene revisarlo desde el primer trimestre; lo explicamos en energía reactiva y factor de potencia.

Cómo se organiza el cuadro

El cuadro de una lavandería autoservicio se organiza por grupos de máquina, no por “enchufes e iluminación” como en un local convencional. La lógica es que un fallo en una máquina no deje el negocio parado entero:

  • Grupo secado: cada secadora con su magnetotérmico propio, curva C o D según el fabricante, y diferencial por pareja de máquinas como máximo. Nunca todas las secadoras colgando del mismo diferencial: un fallo de aislamiento en una resistencia dejaría el local sin secado.
  • Grupo lavado: mismo criterio, con magnetotérmico individual por lavadora y diferencial compartido entre pocas unidades.
  • Grupo agua caliente: circuito propio si hay termo o caldera eléctrica.
  • Grupo pago y electrónica: central de cobro, TPV, router, videovigilancia. Diferencial superinmunizado, porque la electrónica de pago genera corrientes de fuga que hacen saltar diferenciales convencionales de 30 mA sin que haya avería real.
  • Grupo iluminación y climatización: sala, rótulo, emergencias con batería propia y equipo de clima.

Para un local de 8-10 máquinas hablamos de una envolvente de 3-4 filas y 36-54 módulos DIN, con un 20 % de reserva libre. En este tipo de negocio es habitual añadir una máquina más en el primer año, y dejar hueco previsto ahorra rehacer el cuadro entero. Los criterios de elección de curva están detallados en magnetotérmicos curva B, C y D, y los pasos de una renovación completa en sustituir el cuadro eléctrico antiguo.

Lo que cambia por ser un local desatendido

Este es el matiz que distingue una lavandería de cualquier otro comercio: no hay nadie dentro. Y eso obliga a diseñar pensando en que nadie va a rearmar nada ni va a oler humo a tiempo.

  • Separación estricta de protecciones, para que un disparo no deje toda la sala muerta con clientes con la ropa dentro de la máquina.
  • Diferenciales con rearme automático en los circuitos críticos, una opción muy razonable aquí: si el disparo fue transitorio, la instalación se restablece sola y el cliente no se queda tirado ni tú recibes una llamada a las once de la noche.
  • Cuadro en zona no accesible al público, bajo llave o en trastero técnico, con acceso restringido pero cómodo para el mantenimiento.
  • Alumbrado de emergencia y señalización conforme a lo que exige la normativa para locales de pública concurrencia, según el aforo y la superficie. El detalle está en ITC-BT-28: locales de pública concurrencia.
  • Protección contra sobretensiones (SPD), porque una sobretensión de red puede llevarse por delante la electrónica de varias máquinas a la vez y el coste de reposición no tiene nada que ver con el del protector.
  • Limpieza de filtros y borra, que no es tema eléctrico pero acaba siéndolo: la acumulación de pelusa en secadoras es la causa habitual de sobrecalentamiento y de averías térmicas.

Documentación y puesta en marcha

Al tratarse de un local comercial con potencia elevada, la instalación necesita memoria técnica de diseño o proyecto según potencia y superficie, ejecución por instalador autorizado y certificado de instalación eléctrica (boletín) registrado ante la administración competente en Cataluña, que es lo que después te pedirán para el alta de suministro. Si el local tenía otra actividad antes, el boletín anterior no sirve: cambia la actividad, cambian las cargas y cambia la clasificación del local.

También conviene documentar desde el primer día el esquema unifilar actualizado y el etiquetado del cuadro máquina a máquina. En un local desatendido, que quien venga a reparar sepa en dos minutos qué automático corresponde a la secadora número 4 vale mucho dinero en tiempo de parada.

Si estás valorando abrir una lavandería autoservicio o adaptar un local que ya tienes, en reforma y montaje de cuadro eléctrico te ayudamos a dimensionar la instalación desde el proyecto, con el cálculo de simultaneidad hecho sobre el equipamiento real que vayas a instalar y no sobre la suma de placas de características.

Preguntas frecuentes

¿Cuánta potencia hace falta para una lavandería autoservicio?

Depende sobre todo del tipo de secadora. Con secadoras eléctricas, un local de 6-10 máquinas se mueve habitualmente en cifras altas de potencia trifásica, porque cada secadora mantiene varios kilovatios durante todo el ciclo. Con secadoras a gas, la potencia eléctrica baja mucho porque la máquina sólo necesita motor y ventilador. El cálculo correcto se hace con el equipamiento concreto y un factor de simultaneidad realista, nunca sumando todas las placas.

¿Es obligatorio que la lavandería sea trifásica?

No es una obligación normativa en sí, pero en la práctica sí lo es en cuanto hay secadoras eléctricas o más de unas pocas máquinas: por encima de 14,49 kW la monofásica deja de ser viable, y el reparto equilibrado de cargas entre fases evita problemas de funcionamiento. Con secadoras a gas y un local muy pequeño puede haber margen para monofásico, pero conviene pensar en la ampliación futura.

¿Qué pasa si salta un automático y no hay nadie en el local?

Ese es el escenario que hay que diseñar para evitar. Se resuelve separando protecciones por grupos de máquina para que un disparo no pare toda la sala, y utilizando diferenciales con rearme automático en los circuitos críticos, de modo que un disparo transitorio se restablezca solo. Además, el cuadro debe quedar en zona no accesible al público pero de acceso cómodo para mantenimiento.

¿Me sirve el boletín eléctrico del negocio anterior del local?

No. Al cambiar la actividad cambian las cargas, la clasificación del local y las protecciones necesarias, así que hace falta una instalación nueva certificada por instalador autorizado y su certificado registrado. Antes de firmar el traspaso conviene revisar qué potencia hay disponible realmente en el edificio, porque ampliarla puede añadir semanas y coste al proyecto.


Publicado por

Equipo electrico24