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Instalación eléctrica de un taller de cerrajería: soldadura, puente grúa y picos de corriente

Cómo se dimensiona la instalación eléctrica de un taller de cerrajería o carpintería metálica: equipos de soldadura, puente grúa, tomas industriales y protecciones que aguanten los picos.

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Un taller de cerrajería tiene un perfil eléctrico muy distinto al de cualquier otro oficio. No es el consumo continuo de un obrador ni la carga estable de un local comercial: aquí todo son picos. Un equipo de soldadura por electrodo cebando el arco, una cizalla que corta chapa de 6 mm, un puente grúa que arranca con dos toneladas colgando. La instalación no sufre por lo que consume de media, sufre por lo que pide durante dos segundos.

Esta guía explica cómo se plantea la instalación eléctrica de un taller de cerrajería o carpintería metálica pequeño-mediano, del tipo que se monta en una nave de 200 a 500 m² en un polígono del Vallès, y qué decisiones marcan la diferencia entre un taller que funciona y uno donde salta el automático cada vez que se suelda con el compresor en marcha.

La carga real: no sumes catálogos, mide el uso

El error clásico al dimensionar un taller metálico es sumar las potencias de placa de todos los equipos y pedir ese contrato. Sale un número enorme que nadie necesita. El equipo típico de un taller de cerrajería se mueve por aquí:

  • Equipo de soldadura MIG/MAG: 6 a 12 kVA en máquinas de taller, trifásico a partir de cierto tamaño.
  • Soldadura TIG: 4 a 8 kVA, con un consumo más estable que el electrodo.
  • Soldadura por electrodo revestido (MMA): la más agresiva de las tres en cuanto a picos, con puntas cortas y muy altas al cebar.
  • Cizalla y plegadora: motor de 2,2 a 7,5 kW, trabajo intermitente pero con arranque duro.
  • Sierra de cinta para metal: 1,5 a 3 kW.
  • Taladro de columna, esmeriladora de banco, tronzadora: 0,75 a 3 kW cada uno.
  • Compresor: 3 a 7,5 kW, arrancando y parando todo el día.
  • Puente grúa o polipasto: 1,5 a 5,5 kW entre elevación y traslación.
  • Extracción de humos de soldadura: 1,5 a 4 kW, funcionando de forma continua mientras se suelda.
  • Iluminación y zona de oficina/taller de montaje: 1,5 a 3 kW.

La potencia instalada supera con facilidad los 40 kW, pero el uso real es otro: en un taller de dos o tres operarios rara vez hay más de un puesto de soldadura trabajando a plena carga a la vez, y el puente grúa se usa a ráfagas de segundos. Lo que sí funciona de forma casi permanente es la extracción y, a intervalos, el compresor.

Por eso la conversación correcta con el instalador no es “cuánta potencia tengo”, sino qué combinaciones de máquinas pueden coincidir en el peor momento del día. Ese escenario, no la suma total, es el que fija el contrato. En talleres de este tamaño lo habitual es un suministro trifásico en la franja de 25 a 40 kW. Si la nave venía de almacenaje con monofásica o con un contrato mínimo, hay que pedir cambio de tipo de suministro y potencia a la distribuidora, con contador nuevo.

Soldadura: la carga que desordena todo lo demás

Los equipos de soldadura son cargas eléctricamente sucias. Tres consecuencias prácticas.

Primera: caída de tensión. El pico de intensidad al cebar el arco provoca una caída momentánea en la línea. Si la sección del cable está justa o el puesto de soldadura está al fondo de la nave con 60 metros de recorrido, esa caída se nota: las luces parpadean, el equipo suelda irregular y el resto de máquinas trabajan por debajo de tensión nominal. La solución no es electrónica, es de sección de cable. Lo explicamos en detalle en el artículo sobre caída de tensión: causas, límites y cómo medirla.

Segunda: curvas de disparo. Un magnetotérmico curva C protegiendo un puesto de soldadura dispara antes o después. La combinación correcta suele ser curva D en las líneas de soldadura y de las máquinas con arranque duro, con la sección de cable calculada en consecuencia. Nunca la vía rápida de poner más amperios sin tocar el cable. El criterio completo está en magnetotérmicos curva B, C o D.

Tercera: factor de potencia. Los equipos de soldadura y los motores en vacío empeoran el coseno de phi del taller. En un local con contrato de cierto tamaño, eso se traduce en un recargo por energía reactiva que aparece en factura mes tras mes sin que nadie sepa muy bien de dónde sale. Merece la pena revisarlo antes de asumirlo como fijo: lo desarrollamos en energía reactiva y factor de potencia en un local.

Además, los equipos modernos con inversor llevan electrónica de potencia. Eso obliga a diferenciales tipo A o F, no tipo AC, porque las corrientes de fuga con componente continua no las detecta bien un diferencial clásico.

Cuadro por zonas y tomas industriales

El cuadro de un taller de cerrajería se organiza por zonas de trabajo, no por tipo de aparato. Un esquema que funciona:

  1. Línea de puestos de soldadura, cada puesto con su protección independiente y su base industrial. Si hay dos o tres puestos, repartidos entre fases distintas para equilibrar.
  2. Línea de máquinas de corte y conformado (cizalla, plegadora, sierra), con guardamotor donde corresponda.
  3. Línea de banco: taladro de columna, esmeriladora, tronzadora, tomas de herramienta portátil.
  4. Línea del compresor, siempre separada. Compartir circuito entre compresor y otra máquina de arranque duro es garantía de disparos.
  5. Línea del puente grúa, con su propio seccionamiento accesible.
  6. Extracción de humos, independiente para que no se pare por un fallo en otra zona.
  7. Alumbrado y oficina, separados de la fuerza para que un disparo en máquinas no deje el taller a oscuras.

Las tomas de fuerza deben ser bases industriales tipo CEE, no schukos domésticos con adaptador. Y con grado de protección adecuado: en un taller metálico hay chispa, viruta y proyecciones, así que IP44 como mínimo en la zona de trabajo y sellado real de las entradas de cable en cajas y cuadros. Si necesitas repasar la nomenclatura, está en qué significan los grados IP e IK.

Un detalle que se olvida siempre: dejar reserva libre en el cuadro. Los talleres de cerrajería crecen por acumulación. Llega una segunda plegadora, un puesto de soldadura más, una máquina de plasma. Sin huecos, cada ampliación obliga a rehacer el cuadro entero.

Puente grúa y polipasto: no es una máquina más

El puente grúa merece tratamiento aparte porque combina movimiento, carga suspendida y mando a distancia. Los puntos que importan:

  • Alimentación por línea propia desde el cuadro general, con dispositivo de seccionamiento identificable y accesible desde el suelo, para poder dejar el equipo sin tensión durante el mantenimiento.
  • Protección de motor en elevación y traslación, no solo protección de cable. Un bloqueo mecánico con carga colgando debe cortar antes de quemar el bobinado.
  • Finales de carrera y seta de emergencia funcionando y verificados, no puenteados “porque saltaban”.
  • Botonera o mando por radio con retorno a posición neutra y parada por pérdida de señal.
  • Puesta a tierra y continuidad de la estructura, especialmente en carriles y polipastos móviles.

El marco normativo aplicable a estos equipos lo tratamos en la guía sobre máquinas de elevación y transporte según la ITC-BT-32, que cubre ascensores, grúas y aparatos similares.

Tierra, equipotencialidad y humos

En un taller de cerrajería casi todo es metal: bancos, estructura de la nave, máquinas, piezas en curso. Eso hace que la red de tierra y la equipotencialidad sean más críticas que en cualquier local comercial. Un defecto de aislamiento en una máquina puede poner en tensión un banco de trabajo entero si la conexión equipotencial no está bien hecha.

Lo mínimo razonable:

  • Medición real de la resistencia de tierra al terminar la instalación, con valor registrado, no una estimación. El procedimiento está en puesta a tierra según la ITC-BT-18.
  • Conexión equipotencial de estructura metálica, bancos fijos, carril del puente grúa y canalizaciones metálicas.
  • Revisión periódica: en un taller con vibración, golpes y humedad ambiental, las conexiones se aflojan.

Y sobre la extracción de humos de soldadura: no es solo una cuestión de salud laboral. Eléctricamente importa porque es una carga continua durante toda la jornada, y porque el humo metálico en suspensión ensucia contactos y luminarias. Un cuadro mal cerrado en un taller con extracción deficiente acumula depósito conductor en las bornas, y eso acaba en avería.

Los cinco fallos que más vemos

  • Un solo circuito de fuerza para todo el taller, con derivaciones improvisadas conforme llegaban máquinas.
  • Puestos de soldadura alimentados con manguera y base doméstica, tirada por el suelo y pisada por la carretilla.
  • Curva C donde tocaba curva D, con disparos crónicos que se “arreglan” subiendo amperaje sin tocar la sección de cable.
  • Compresor y cizalla compartiendo línea, disparando cada vez que coinciden los arranques.
  • Cuadro instalado en plena zona de proyecciones y viruta, sin envolvente adecuada y sin reserva de espacio.

FAQ

¿Necesito trifásica para un taller de cerrajería pequeño?

Prácticamente siempre. Los equipos de soldadura de taller, la cizalla, la plegadora y el puente grúa vienen en versión trifásica en las potencias habituales, y repartir la carga en tres fases es lo que evita desequilibrios y caídas de tensión al soldar. Solo un taller que trabaje exclusivamente con herramienta portátil y soldadura monofásica pequeña podría funcionar con monofásica, y aun así se quedaría corto en cuanto crezca.

¿Por qué parpadean las luces cada vez que suelda un compañero?

Es caída de tensión en el momento del cebado del arco. El pico de intensidad hace bajar la tensión en la línea compartida, y el alumbrado lo acusa. Las causas habituales son sección de cable insuficiente para la distancia, alumbrado colgado del mismo circuito que la fuerza, o desequilibrio entre fases. La solución pasa por separar alumbrado de fuerza y revisar el cálculo de sección de las líneas de soldadura.

¿Puedo enchufar el equipo de soldadura a una toma normal del taller?

No es recomendable, aunque físicamente encaje. Un puesto de soldadura debe tener su propia línea protegida y su base industrial dimensionada para la corriente que pide, incluidos los picos. Alimentarlo desde una base de uso general implica compartir protección con otros consumos, forzar el cable por encima de lo previsto y provocar disparos que acaban en manipulaciones peligrosas del cuadro.

¿Sirve la instalación que ya tenía la nave si antes era un almacén?

Rara vez sirve tal cual. Una nave de almacenaje suele tener un cuadro pequeño, pocos circuitos, secciones ajustadas al alumbrado y ninguna protección de motor. Lo habitual es conservar la acometida y la envolvente general si están en buen estado, y rehacer cuadro, circuitos, canalizaciones y tomas de fuerza. Antes de decidir conviene una revisión con medición de aislamiento y de resistencia de tierra, que dice en veinte minutos qué se aprovecha y qué no.

Si estás montando un taller de cerrajería, cambiando de nave o llevas tiempo peleándote con disparos cada vez que coinciden dos máquinas, lo más rentable es partir de una previsión de cargas realista y un cuadro organizado por zonas y pensado para crecer. Podemos valorar tu caso y dejártelo por escrito: echa un vistazo a cuadro eléctrico o a subida de potencia.


Publicado por

Equipo electrico24